Libia: Reflexiones sobre una guerra

Análisis sobre la guerra en Libia, causas y consecuencias en las relaciones entre África y los países occidentales.
La guerra contra Libia promovida por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), bajo el pretexto de «proteger a las poblaciones civiles», supone un giro muy peligroso en las relaciones entre África y los países occidentales, particularmente Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, principales protagonistas de esta aventura imperialista contra un Estado africano soberano.:

0
00* «¿Levantamiento popular» o agresión imperialistas?
Al principio de los acontecimientos en Libia, habíamos creído en el contagio de los levantamientos populares en Túnez y en Egipto. Pero poco tiempo después, hemos comprendido que había grandes diferencias con esos levantamientos. En Libia, el levantamiento se originó en Benghazi, feudo del antiguo rey Idriss, depuesto por Gadafi en 1969. Se trata de un levantamiento tribal contra Trípoli. Además, contrariamente a lo que sucedió en Túnez y en Egipto, los principales jefes «rebeldes» son antiguos ministros o altos responsables del régimen de Gadafi. Se dice que el presidente del CNT, Mustapha Abdul Jelil, ¡era incluso ministro de justicia hasta el mes de febrero de 2011!. En estas condiciones, los acontecimientos en Libia más parecen una tentativa de «revolución de palacio» que un «levantamiento popular». Por otra parte, el diario británico, Guardian, del 24 de agosto, nos enseña que «son los principales países de la OTAN los que han sostenido y financiado el CNT, que incluye miembros vinculados desde hace mucho tiempo a la CIA y al M15 (servicio secreto británico,DMD)». Es por esto por lo que estas potencias occidentales habrían ayudado al CNT a crear una sociedad petrolera destinada a reemplazar a la compañía estatal libia y un «Banco central libio» con la ayuda del gigante británico de la banca, HSBC. Un equipo de alto nivel de este último fue desplazado a Benghazi con ese fin. De esta forma, la petición de una intervención exterior por parte del CNT fue la consecuencia lógica de la estrecha coordinación entre éste y los países occidentales. Estos últimos habrían visto ahí una ocasión de desembarazarse del régimen de Gadafi y volver a poner pie en un país tan estratégico, sobre todo tras el traumatismo causado por la caída de dos dictadores pro-occidentales en Túnez y en Egipto. Como podemos constatar, los acontecimientos en Libia son una operación planificada junto a potencias extranjeras además de ser una insurrección armada desde el inicio. No tienen nada de espontáneo y nada que ver con un levantamiento popular, como en Túnez y en Egipto. Una vez establecidos los planes de intervención de las potencias occidentales, faltaba hacerlos aceptables para la opinión. Este fue el trabajo de los grandes medios occidentales, la mayoría de ellos controlados por las multinacionales, y los de las monarquías del Golfo, como Al Jazeera y Al Arabya. Estos medios serán utilizados a fondo para fabricar mentiras y manipular a la opinión pública e incluso a Naciones Unidas, con el fin de preparar una intervención militar destinada a «proteger» a los civiles. Las pretendidas amenazas de «exterminación de civiles» en Benghazi por el ejército de Gadafi, utilizadas como pretexto para obtener la Resolución 1973, no eran sino intoxicación. Según se desprende de que tanto el Guardian como Amnistía Internacional y Human Rights Watch hayan manifestado poco después dudas sobre la autenticidad de estas alegaciones. Así pues, el desarrollo de la campaña de destrucción masiva y de terror de la OTAN ha puesto de manifiesto que la «protección de civiles» no era sino el velo que servía para enmascarar el auténtico objetivo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña: a saber, abatir el régimen de Gadafi para instalar en su lugar un régimen más dócil, «agradecido» a sus «protectores» occidentales que, de esta forma, serían ampliamente «recompensados» con el control y el pillaje de los recursos de Libia. La OTAN es una máquina de matar al servicio del capitalismo y del imperialismo occidental. Es una amenaza contra la libertad de los pueblos, la independencia y la soberanía de los países del Sur. Tras lo sucedido en Túnez y Egipto, la intervención en Libia estaba destinada a canalizar, a falta de poderlos ahogar, otros levantamientos populares en provecho de los países occidentales. Pues, los acontecimientos en Túnez y en Egipto han cogido por sorpresa y hecho fracasar los planes del imperialismo norteamericano y de sus aliados. Hacía falta pues utilizar a Libia para asfixiar el virus del levantamiento popular a la vez contra los dictadores internos y sus protectores externos, es decir, el imperialismo occidental.
1
01* Una intervención militar decidida desde hacía mucho tiempo
Como indiqué más arriba, el argumento de la «protección de los civiles» fue una manera de obtener el aval, o más bien la complicidad, de Naciones Unidas, con el voto de la Resolución 1973 y dar así una cobertura legal a la intervención de los países occidentales. Esta intervención había sido decidida varias semanas antes por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Y el discurrir de los acontecimientos ha mostrado cómo esos países se han servido del Consejo de Seguridad para ejecutar su plan violando, deliberadamente, las disposiciones de la Resolución 1973. Además, muchos periódicos en Estados Unidos y en Europa, y no los menos importantes, han señalado que los países occidentales habían enviado fuerzas especiales y agentes de la CIA a Libia mucho antes de la idea de una «zona de exclusión aérea». En este sentido, el diario británico Guardian, ya citado, observa que «los servicios de información y las fuerzas especiales de los países occidentales habían sido enviados sobre el terreno meses antes, burlando a las Naciones Unidas, para formar, planificar y coordinar las operaciones rebeldes». El filósofo italiano, Dominico Losurdo, cita otro diario británico, el Sunday Mirror, que, en su edición del 20 de marzo, revelaba que «tres semanas» antes de la resolución de la ONU, estaban manos a la obra en Libia «cientos» de soldados británicos, pertenecientes a uno de los cuerpos militares más sofisticados y temidos del mundo (SAS). Revelaciones similares han sido efectuadas por el International Herald Tribune del 31 de marzo, hablando de la presencia de «pequeños grupos de la CIA» y de una «amplia fuerza occidental actuando en la sombra», «antes del inicio de las hostilidades el 19 de marzo». Es por esto por lo que todas las tentativas hechas por China, Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y sobre todo por la Unión Africana, han sido rechazadas o simplemente ignoradas. Porque estas proposiciones apelaban a un arreglo político del conflicto, una salida que no interesaba ni a la OTAN ni a sus marionetas del CNT. La destrucción de Libia y la caída de Gadafi eran la exclusiva y única solución buscada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.
2
02* Un balance abrumador para la OTAN
Como indiqué más arriba, la OTAN es un instrumento al servicio de empresas criminales del imperialismo occidental teniendo a su cabeza al imperialismo yankee. Es el brazo armado del capitalismo. Bajo el pretexto de «lucha contra el terrorismo» o de «intervención humanitaria», la OTAN se ha convertido en una máquina de matar para reforzar el control de los países occidentales sobre los recursos del planeta y preservar su hegemonía, especialmente la del imperialismo norteamericano. Y para cumplir con esta misión, todo está permitido, incluidos los crímenes más abominables. Lo hemos observado en Afganistán desde el 2001. Y ahora es el turno de Libia. ¡Uno de los militares rebeldes ha dicho que el conflicto ha dejado al menos 50.000 muertos! ¡He aquí un aspecto del macabro balance de la intervención de la OTAN, orientada a «proteger» civiles y a «salvar vidas»! Y esta cifra excluye las decenas de miles de heridos, de los que algunos jamás se recuperarán. La casi totalidad de estas víctimas -muertos y heridos-hay que ponerlas en la cuenta de los bombardeos de la OTAN en su locura destructora sobre Libia. En efecto, se estima en unas 20.000 salidas y más de 30.000 bombas lanzadas por esta organización sobre territorio libio, sin contar los lanzamientos de misiles y las operaciones ejecutadas por los drones (aviones no tripulados) de los Estados Unidos. El Guardian destaca: “mientras que las potencias occidentales afirman que ellas estaban salvando vidas, miles son matados sobre el terreno, con un número incalculable de civiles muertos por los ataques aéreos de la OTAN, incluyendo 85 cuerpos calcinados cerca de la villa de Zlitan al principios del mes de agosto”. Los grandes medios occidentales han sido muy discretos con las cifras anunciadas por los rebeldes, porque contradicen las mentiras de la OTAN que pretendía intervenir para ¡«impedir la masacre de civiles»! Finalmente, es ella la que ha terminado por masacrarlos. En efecto, durante seis meses, la OTAN ha sembrado el terror, la desolación y la muerte entre las filas del pueblo libio. Familias enteras han sido diezmadas tras los bombardeos de pretendidos «objetivos militares». ¡Poblaciones enteras han sido privadas de agua, de electricidad, de alimentos, de cuidados médicos, con el fin de llevarlas a «levantarse» contra su «dictador»! ¡Infraestructuras vitales han sido destruidas con un salvajismo gratuito!. Según la oficina de coordinación de Naciones Unidas para asuntos humanitarios (OCHA), citada por el Presidente de la Comisión de la Unión Africana el 26 de agosto, el conflicto había hecho huir de Libia a cerca de 750.000 personas, de las cuales 100.000 eran libias y 650.000 extranjeras, de las que la mitad eran naturales de países vecinos que, en algunos casos, llevaban trabajando en Libia decenas de años. A esto, hay que añadir más de 220.000 desplazados internos. Gentes que han perdido todo y deben recomenzar sus vidas desde cero. Este es pues el balance catastrófico de la bárbara agresión de la OTAN contra Libia. La barbarie de la OTAN está igualmente ilustrada por otros ejemplos aportados por periódicos occidentales. El filósofo italiano Dominico Losurdo cita al International Herald Tribune, que en su edición del 26 de agosto registra lo siguiente: «En un campamento en el centro de Trípoli se han encontrado cuerpos agujereados a balazos de más de 30 combatientes proGadafi. Al menos dos estaban amarrados con ataduras de plástico lo que hace pensar que han sufrido una ejecución. Entre estos muertos, cinco han sido encontrados en un hospital improvisado; uno estaba en una ambulancia, tumbado sobre una camilla, atado por la cintura y llevando todavía una perfusión intravenosa en el brazo». Pero la OTAN está igualmente señalada por la no asistencia a los refugiados en peligro y que se ahogaban en alta mar, huyendo de sus bombardeos y de las exacciones de sus cómplices del CNT. ¡Una actitud que incluso el gobierno italiano, por otra parte miembro de la coalición de cruzados, había denunciado públicamente!. Según el portal del diario francés Le Monde, al menos 1.500 personas han muerto ahogadas durante su huida en embarcaciones de fortuna para escapar de la guerra. Así pues, además de aquellos que han sido reventados bajo las bombas de fragmentación o de uranio empobrecido, armas prohibidas por los convenios internacionales, la intervención de la OTAN ha hecho morir a otras miles de personas que serán sin duda contabilizadas como «víctimas colaterales» al igual que las que ella produce todos los días en Afganistán.
3
03* ¿A qué espera pues la Corte Penal Internacional?
A la vista de estos crímenes contra la Humanidad cometidos por la OTAN, numerosas voces se han elevado para preguntar a qué espera la CPI para abrir una investigación sobre las acciones de la OTAN y de otros mercenarios a sueldo del CNT. ¡Una CPI que ha sido tan rápida para inculpar a Gadafi y sus hijos sobre la base de «testimonios» más que dudosos aportados por los medios occidentales y las ONG de «derechos humanos», con frecuencia al servicio de la «misión civilizadora» del imperialismo occidental! Los elementos en los que se ha basado la CPI para inculpar a Gadafi han sido contestados por el International Crisis Group que había enviado además una misión de investigación sobre el terreno. En realidad, la CPI es un instrumento al servicio del sistema imperialista, jugando el mismo papel que la OTAN contra los pueblos del Sur. Así pues, nada podemos esperar por ese lado. Más aún cuando cualquier investigación seria sobre los crímenes perpetrados por la OTAN implicaría directamente a Barack Obama, Nicolas Sarkozy y David Cameron, que han planificado esta agresión y dado las órdenes para destruir Libia y meter así la mano sobre un país tan estratégico, sobre todo tras lo cambios ocurridos en los dos países vecinos que son Túnez y Egipto.
4
04* Problema de legitimidad par el CNT
Habiendo sido aupado al poder por una coalición compuesta por fuerzas de la OTAN, de sus fuerzas especiales, agentes de la CIA, combatientes de Al Qaeda y monarquías del Golfo y de Arabia Saudita, el CNT tendrá un gran problema de credibilidad e incluso de legitimidad frente al pueblo libio. En efecto, la llamada a una intervención exterior muestra claramente que el CNT no gozaba del apoyo popular suficiente capaz de derrocar al régimen de Gadafi, contrariamente a lo que pasó en Túnez y en Egipto. Además, ¿cómo un movimiento de «liberación» puede ser legítimo cuando acude a potencias extranjeras para destruir las infraestructuras vitales de su país y hacer masacrar a sus propios compatriotras?. Por otra parte y con relación a este tema, El Guardian observa: «Está claro que una implicación tan estrecha de Estados Unidos y de las antiguas potencias coloniales va a ensuciar y erosionar la legitimidad de la transformación en Libia». Además del hecho de haber sido instalado por una fuerza extranjera, el CNT es una agrupación muy heteróclita, compuesta de islamistas radicales ligados a Al Qaeda, monárquicos, tribales y representantes de la pequeña burguesía. Esta mezcla explosiva supone un riesgo a la hora de crear problemas de cohabitación entre facciones que no tienen necesariamente los mismos objetivos sobre el futuro de Libia tras la guerra. Por otra parte, la imagen del CNT ha sido mancillada por la actitud profundamente racista observada hacia los libios negros y los Africanos del Sur del Sahara que trabajaban en Libia. Cuando los medios extranjeros al servicio de la agresión imperialista despliegan una campaña racista y abyecta contra estos Africanos, considerados todos como «mercenarios» de Gadafi, es en primer término para ocultar la naturaleza criminal de la coalición que ha llevado al CNT al poder. Además, su campaña tiende a justificar las masacres perpetradas contra estos Africanos, como lo han mostrado varios medios independientes, como Michel Collon, periodista de investigación bien conocido, que se había encontrado con algunos de esos Africanos durante su visita a Trípoli. El International Herald Tribune del 2 de septiembre apunta como los rebeldes continúan con sus razzias de libios con la piel negra y Africanos del Sur del Sahara. ¡Lo que demuestra que la «nueva Libia» instalada por la OTAN parece abrazar la vía de la «depuración étnica» para desembarazarse de sus propios nacionales negros!.
5
05* Ocupación y pillaje de los recursos de Libia
Una «nueva Libia» que estará bajo la férula de los «protectores» del CNT, a pesar de lo que diga este último, pues no podrá negarles nada. ¿Acaso tiene los medios?. En absoluto. Como hemos señalado más arriba, el auténtico objetivo de la agresión imperialista de los principales países miembros de la OTAN es el control de los recursos de Libia y la búsqueda de bases militares en un país altamente estratégico, sobre todo después de la eventual «pérdida» de Egipto por los Estados Unidos. Destruyendo a gran escala las infraestructuras libias, los países occidentales se han asegurado servirse de los inmensos recursos petroleros de Libia para dar trabajo a sus empresas en la «reconstrucción» del país. ¡Una «reconstrucción» que, según los rebeldes, podría tomarse al menos diez años!. Así, las empresas occidentales se han garantizado obtener mercados por varios años y crear de esta forma empleo para sus nacionales. Lo que podría provocar la ilusión de un mejoramiento del mercado de trabajo en los Estados Unidos y en Francia, ¡dos países con presidentes muy impopulares y que estarán en período electoral en 2012!. Lo que pone en evidencia que nada hay de humanitario en esta guerra de agresión contra Libia. Hace falta ser verdaderamente ingenuo, e incluso estúpido, para creer un sólo instante que Sarkozy, Obama, Cameron o más aún el depravado sexual de Silvio Berlusconi, todos ellos enfrentados a crisis económicas y financieras sin precedentes, van a gastar millones de sus divisas cada día y arriesgar la vida de sus pilotos y otros agentes secretos, justo para «proteger» a los libios. Gobiernos que dictan políticas claramente racistas y xenófobas, especialmente contra los inmigrantes de confesión musulmana, ¿cómo semejantes gobiernos pueden hacer creer que se preocupan de la suerte del pueblo libio?. El filósosfo italiano Dominico Losurdo observa con justeza que: «Esta guerra nada tiene que ver con la protección de los derechos humanos» -Cita un periódico italiano, La Stampa, que destaca que es por intereses puramente económicos que Italia y lo otros países de la OTAN han intervenido en Libia. Y ese mismo periódico predice una «guerra económica» entre Francia e Italia, una vez que la OTAN haya cumplido su sucia tarea- De esta forma, en su edición del 26 de agosto, La Stampa escribe, haciendo alusión a Francia: «hemos comprendido inmediatamente que la guerra contra el Coronel iba a transformarse en un conflicto de otro tipo: guerra económica, con un nuevo adversario, evidentemente Italia». De hecho, la realidad no ha tardado en superar la ficción y las mentiras. Un artículo del New York Times del 23 de agosto nos muestra como sin que siquiera la guerra haya aún terminado ya ha comenzado la carrera por el control del petróleo libio. Bajo la pluma de Clifford Krauss, el periódico escribe: «la batalla no ha terminado aún en Trípoli, cuando la carrera para el acceso a las riquezas petroleras libias ya ha comenzado… Las naciones occidentales, en particular los países de la OTAN que han acordado un apoyo aéreo decisivo para los rebeldes, quieren asegurarse de que sus empresas estarán en la pôle position para bombear el petróleo libio». Y el artículo cita al ministro italiano de asuntos exteriores, Franco Frattini, quién subraya que la compañía italiana ENI, «jugará un papel de primera línea en el futuro» en Libia. Pero aparentemente algunos de sus homólogos no le han prestado atención. En efecto, como respuesta indirecta a las declaraciones de Frattini, Alain Juppé. el ministro de asuntos exteriores francés, ha calificado la intervención de Francia en Libia como «una inversión de futuro». Un futuro que se traducirá sin duda en jugosos contratos para las empresas francesas en nombre de la «reconstrucción» de Libia, pero cuyo verdadero objetivo será ¡meter la mano sobre una buena parte del petróleo y del gas libio!. ¡El diario francés Libération del jueves 1 de septiembre, nos enseña que existe un acuerdo secreto entre Francia y el CNT, concluido el 3 de abril de 2011, que promete el 35% del petróleo libio a Francia a cambio de un apoyo total y permanente de ésta a la rebelión!. ¡Así se comprende mejor «la inversión de futuro» de la que hablaba Alain Juppé y ,sobre todo, el activismo del presidente Sarkozy en la guerra de agresión contra Libia!. Pero Frattini, citado en otro diario francés, Le Figaro del 2 de septiembre, avisa: «no habrá batalla de tipo colonial entre Italia y Francia para hacerse con las riquezas de Libia. Italia continuará siendo un socio privilegiado de Trípoli. No vengáis a cazar en nuestro coto privado». Al mismo tiempo, el número citado del New York Times, comenta la declaración de Abdeljalil Mayouf, portavoz de la compañía petrolera creada por el CNT, quién afirma que países como China, Rusia y Brasil podrían ser «castigados» por haber criticado la intervención de la OTAN y haber propuesto una solución política. Lo que demuestra que el velo de mentiras y de desinformación sobre las verdaderas razones de la guerra de la OTAN contra Libia empieza a rasgarse poco a poco. ¡Aquellos que han sido engañados por el discurso sobre la protección de los «derechos humanos» y la promoción de la «democracia», comprenderán ahora que es la protección de los derechos de propiedad sobre las riqueza libias lo que constituye la fuerza motriz fundamental de la agresión de la OTAN contra Libia!.
6
06* Obstrucciones a la mediación de la Unión Africana
Obsesionada con alcanzar sus objetivos de cambio de régimen, la OTAN, con la complicidad de Naciones Unidas, ha rechazado de forma sistemática todas las llamadas al alto el fuego y a la negociación formuladas por la Unión Africana. La OTAN ha hecho incluso todo lo posible para dificultar los esfuerzos de los países africanos ante el CNT, impidiendo la visita de Jefes de Estados comisionados por la UA al comienzo de los ataques aéreos o sometiendo a Trípoli a intensos bombardeos durante la estancia de éstos. Los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña han no sólo ignorado las proposiciones de África sino que han intentado dividirla sirviéndose de sus peones o marionetas para debilitar la posición de la Unión Africana. En este registro, el presidente Wade de Senegal se ha distinguido de una manera vergonzosa y grotesca. Se ha puesto sin ninguna vergüenza al servicio de la agresión imperialista contra un país africano soberano. Fue el primer Jefe de Estado africano en traicionar a Gadafi, de quién había sido sin embargo uno de sus más fervientes cortesanos. ¡Y también uno de los más celosos partidarios del debate sobre los Estados Unidos de África! . Su viaje a Benghazi desde París, preparado y dirigido por Francia, ha cubierto de ridículo a Senegal en el seno de la opinión africana. Y para complacer aún más a sus jefes occidentales, Wade acaba de declarar -todavía en París- que era partidario del «derecho de ingerencia», es decir ¡el apoyo a las intervenciones imperialistas en África para recolonizarla bajo el pretexto de «la protección de los derechos humanos» y de «promoción de la democracia»!. Un diario senegalés lo ha calificado con toda razón como ¡«vergüenza africana»!. El rechazo de la OTAN a escuchar la opinión de África sobre un asunto tan esencial concerniente a otro país africano da testimonio, sin ninguna duda, de la falta total de respeto, más aún del desprecio, por parte especialmente de los Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, hacia la Unión Africana. Haciendo esto han demostrado que con los países africanos son ellos quienes dictan la conducta a observar y no la Unión Africana. Las continuas obstrucciones de los países de la OTAN para socavar la mediación de la Unión Africana muestran como los discursos sobre el respeto de la soberanía de los Estados no tienen ningún valor en boca de los dirigentes occidentales cuando se está en posición de debilidad y desunido. La lección que tenemos que sacar de esto es que la Unión Africana todavía no existe en la realidad. No solamente ha sido impotente para modificar la actitud de los países miembros de la OTAN, sino que algunos de sus propios miembros han aceptado ya el hecho consumado reconociendo al CNT cuando el Consejo de Paz y de Seguridad de la UA ha rechazado hasta el momento hacerlo.
7
07* Demonizar a los dirigentes africanos para mejor servir los designios del imperialismo
El rechazo a considerar la posición de África proviene de la falta de respeto, del desprecio, que los dirigentes occidentales sienten por los dirigentes africanos. Estos últimos son casi siempre demonizados por los medios occidentales, presentando a casi todos como «dictadores», «corrompidos» y «opresores» de sus pueblos. Y ¡son los países occidentales quienes se encargarían de «proteger», entiéndase «salvar», a los pobres pueblos africanos de esos «dictadores», de esos «opresores», de esos «tiranos»!. Hay, es cierto, dictadores en África, pero la mayoría de ellos son los «protegidos» de las potencias occidentales. Durante todo el tiempo en que éstos sirvan lealmente los intereses de éstas, se continúa protegiéndoles e incluso de les presenta bajo el aura de «demócratas». No es sino cuando estos dictadores no sirven satisfactoriamente los intereses de sus jefes cuando se les tumba, buscando asegurar su relevo en la medida de lo posible. El caso más reciente es el de Mubarak, dejado caer por los Estados Unidos para intentar salvar sus intereses no sólo en Egipto sino también en toda la región, para proteger sobre todo a Israel. Pero en general son los dirigentes que resisten a las potencias occidentales los que a menudo son demonizados, vilipendiados y objeto de planes de desestabilización, entiéndase ¡pura y simplemente asesinados!. Por ejemplo, Tony Blair, antiguo primer ministro británico, ha revelado en sus Memorias que él había considerado atacar Zimbabue para hacer caer el régimen de Robert Mugabe, bajo el pretexto de defensa «de los derechos humanos». ¡Pero el verdadero motivo era instalar un gobierno «amigo» en ese país que volviese sobre el programa de redistribución de tierras que pertenecían a una minoría blanca de origen británico!. Con Libia, los dirigentes occidentales han pasado de las intenciones a los actos. La intervención de la OTAN ha sido preparada y acompañada por una campaña mediática odiosa no solamente para legitimarla sino, igualmente, para justificar todas los crímenes perpetrados por esta organización contra la familia Gadafi y las poblaciones civiles inocentes que los países occidentales pretendían «proteger»- La campaña mediática contra Gadafi se ha incluso incrementado tras la caída de Trípoli. Las atrocidades cometidas por la OTAN y sus aliados son atribuidas a los «pro-Gadafi». Hasta el punto que cuerpos calcinados, que no pueden ser sino resultado de los bombardeos de la OTAN, son atribuidos a los «pro-Gadafi». e incluso ahora, se acusa a Gadafi, sus hijos y sus soldados de ¡violación de las «amazonas libias»!. Los diarios africanos han tomado sin discernimiento artículos relatando tales «violaciones» publicados en Le Figaro, el principal diario de la derecha francesa, que un periodista francés ha calificado con justicia como ¡«diario del pueblo sarkozysta»!. Todas esas insidias se revelaron completamente falsas e infundadas pero el objetivo había sido alcanzado: arrastrar en el fango a Gadafi y su familia y consolar la «buena conciencia» occidental de haber intervenido para liberar al «pueblo libio» de semejante «dictador» El filósofo italiano Losurdo, ya citado, añade: «bárbara como todas las guerras coloniales, la guerra actual contra Libia demuestra como el imperialismo se hace cada vez más bárbaro. En el pasado, incontables han sido las tentativas de la CIA para asesinar a Fidel Castro, pero estas tentativas eran llevadas en secreto, con un sentimiento si no de vergüenza al menos de temor ante las posibles reacciones de la opinión pública internacional. Hoy, por contra, asesinar a Gadafi o a otros jefes de Estado no apreciados por Occidente es un derecho abiertamente proclamado. El Corriere della Sera del 26 de agosto de 2011 titulaba de forma triunfal: «Caza a Gadafi y sus hijos, casa por casa». Y esta campaña está destinada no sólo a hacer olvidar los crímenes monstruosos cometidos por la OTAN y otros mercenarios al servicio del CNT, sino que apunta igualmente a justificar el eventual asesinato de Gadafi a quien la OTAN había pretendido matar desde el comienzo de su intervención, como lo ilustra el asesinato de uno de sus hijos y de tres de sus nietos. Ahora, el CNT ha puesto precio a la cabeza de Gadafi, ¡prometiendo una recompensa a cualquiera que le mate!. Y los medios occidentales lo repiten con gusto, sin la menor retención. Y sin la mínima objeción por parte de Obama, Sarkozy y Cameron. A través de esta odiosa campaña mediática es toda la barbarie de una pretendida «civilización» la que se expresa a cielo descubierto, mostrando así la naturaleza perversa, terrorista, tiránica y despótica del imperialismo y del capitalismo en crisis. ¿Por qué han de aceptar esto los Africanos?. Sea lo que sea lo que uno pueda pensar de Gadafi o de cualquier otro dirigente africano, no deberíamos aceptar lo que constituye una auténtica abominación, es decir la satanización sistemática de los dirigentes africanos por parte de los dirigentes occidentales que se arrogan el papel de moralizadores, completamente imbuidos de la pretendida «superioridad» de su sistema, de su «civilización». Una civilización cuya influencia se propagó por el mundo a través de genocidios y de masacres en serie de pueblos no Europeos, de África a las Américas pasando por Asia, de la destrucción de sus culturas y del pillaje de sus recursos. Escuchemos en relación a este tema lo que Césaire y Fanon decían de esta «civilización occidental» que pretende ser «superior» a otras civilizaciones humanas. En Discurso sobre el colonialismo, Césaire destaca que «la empresa colonal es, al mundo moderno, lo que el imperialismo romano fue al mundo antiguo: preparador del Desastre y anunciador de la Catástrofe». (pg. 55). La crítica de Fanon en los Condenados de la tierra, es todavía más acerba, más devastadora: «Apartémonos de esta Europa que no para de hablar del hombre masacrándolo por todas partes donde ella lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todas las esquinas del mundo. He aquí siglos en los que Europa ha paralizado la progresión de otros hombres, los ha sometido a sus designios, a su gloria; siglos en los que en nombre de una pretendida «aventura espiritual» ha asfixiado a la casi totalidad de la humanidad… Occidente ha querido ser una aventura del Espíritu. Es en nombre del Espíritu, del espíritu europeo se entiende, que Europa ha justificado sus crímenes y legitimado la esclavitud en la que ella ha mantenido a cuatro quintas partes de la humanidad». (pgs. 301 y 303) . Estos juicios sin contemplaciones, han sido pronunciados hace más de medio siglo. Y todavía hoy es en nombre del «espíritu europeo» que los caballeros de la «civilización occidental» se permiten juzgar a los otros y darles lecciones. Pero mirándoles de cerca, ellos son más despóticos, más tiránicos y más inmorales que aquellos a quienes desean lo peor en África o en las otras tierras del Sur.
8
08* Los dictadores y los tiranos se encuentran también en Occidente
Según el diccionario Le Robert illustré (edición 2012, página 551), la dictadura es «la concentración de poder entre las manos de un individuo, de una asamblea, de un partido, de una clase». En Europa, la concentración del poder económico y financiero entre las manos de una minoría cada vez más reducida ha reforzado la dictadura del capital sobre el trabajo y sobre la sociedad entera. De tal suerte que los elegidos, presidentes, primeros ministros, diputados, se han convertido en agentes al servicio de los mercados financieros y de las multinacionales. En Francia, a pesar de la oposición de una inmensa mayoría del pueblo francés, ilustrada con huelgas masivas de una amplitud sin precedentes, Sarkozy lo ha ignorado y ha impuesto la reforma del sistema de pensiones para satisfacer a los mercados financieros. ¿No es esto la manifestación de la dictadura de una clase?. En los Estados Unidos, Barak Obama ha renunciado a buena parte de sus promesas bajo la presión de la misma dictadura de clase encarnada por Wall Street, la sede de la Bolsa de New York. ¿y qué decir de Silvio Berlusconi, el primer ministro italiano, un hombre que ha utilizado su dinero y su imperio mediático para hacerse elegir y reelegir a pesar de todos los escándalos financieros, políticos y sexuales que le abruman?. ¡Y ha utilizado y continúa utilizando su poder para obstaculizar la justicia, burlarse de las reglas del Estado de Derecho!. ¡Se trata de un hombre profundamente inmoral y corrompido que ha pagado los servicios de una prostituta, encima menor!. ¡Y en la más absoluta impunidad!. Entonces, ¿en nombre de qué, estos dictadores, desprovistos de todo valor ético y moral, deberían dar lecciones a los Africanos y a sus dirigentes?. Los dirigentes occidentales son la encarnación de la decadencia de una clase, cínica arrogante e inmoral. Otro ejemplo de la depravación de las clases dirigentes occidentales nos ha sido dado por Dominique Strauss-Kahn. He aquí un hombre, que se preparaba para presentarse a la elección presidencial en Francia, que, literalmente, ¡«salta» sobre una camarera de hotel y en el momento en el que se preparaba para ir a tomar su avión!. ¡Y encima una Africana!. Sin duda ha pensado que ella no se atrevería a hablar y que, incluso si ella lo hacía, ¡nadie creería su relato frente a un «hombre potente y rico» como él!. Pero el coraje de Nafissatau Diallo ha expuesto al mundo la hondura de la decadencia moral y humana de este delincuente y perverso sexual. ¡He aquí un hombre que habría podido dirigir Francia y arrogarse el papel, revistiendo el abrigo de un moralista, de un «defensor» de los derechos humanos para ir a darle la lección a los dirigentes africanos!. En realidad, Dominique Strauss-Kahn, Sarkozy, Obama, Cameron o incluso Berlusconi se comportan así porque se creen por encima de la ley. Ellos creen poder permitirse todo, sobre todo en sus relaciones con África y otros países del Sur. Y uno no puede sino sostener esta afirmación del filósofo Dominico Losurdo, cuando reseña que «”los monarcas absolutos” de nuestra época, los tiranos y dictadores planetarios de nuestra época se sientan en Washington, Bruselas y en las más importantes capitales occidentales». En efecto, solo los dictadores e incluso los monarcas, pueden arrogarse el derecho de violar, deliberadamente, las Resoluciones de la ONU, como las de Libia. Sólo los dictadores pueden permitirse rechazar escuchar las llamadas al alto el fuego de los países africanos e incluso de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como China y Rusia, para la resolución pacífica de la crisis y salvar vidas. Obstinándose, los dictadores occidentales han hecho masacrar a más de 50.000 personas, más de 50.000 muertos, cifra sin duda provisional e inferior a la realidad, y han dejado un país completamente destruido. Sólo los dictadores, los déspotas pueden arrogarse el derecho de tumbar a los Jefes de Estado de países soberanos, como Libia, o exigir su partida, como en Siria o en otros lugares. ¡Si estos comportamientos no son despotismo, tiranía, entonces las palabras no tienen ningún sentido!.
9
09* El «derecho de ingerencia humanitaria»: una impostura
La intervención militar en Libia sería una ilustración del «derecho de ingerencia humanitaria», el nuevo descubrimiento del imperialismo, con la complicidad de Naciones Unidas, o más bien del Consejo de Seguridad, para recolonizar a los países africanos. En efecto, la guerra contra Libia va a suponer un golpe terrible a la soberanía de este país y poner sus riquezas entre las manos de los países de la OTAN, como hemos visto más arriba. Después de lo que ha pasado en Libia, el peligro de recolonización de algunos países africanos no es una quimera. Aquellos que tenían todavía dudas sobre la realidad del imperialismo y de su naturaleza perversa, despótica, terrorista y bárbara, deben despertarse. Libia debe hacer callar sus dudas y barrer sus ilusiones. Libia es un test mayor para África. Y esto, más allá de lo que uno pueda pensar de Gadafi y de su régimen. Vista la crisis profunda que sacude a los principales países capitalistas y frente al gran desafío a su hegemonía que representan los países emergentes, está claro que su supervivencia dependerá en gran medida del control que podrán ejercer sobre los recursos del continente africano, ¡prácticamente la única región del mundo en la que por desgracia los países occidentales pueden aún dictar su ley!. La creación del AFRICOM por los Estados Unidos forma parte de esta estrategia de control de los recursos de África por medio de la instalación de bases militares en suelo africano. Bajo el pretexto de la «lucha contra el terrorismo» en África, AFRICOM está tejiendo su tela en los países africanos a golpe de maniobras militares, programas sociales y de una sutil propaganda mediática, con el fin de ganarse los corazones y las mentes de los Africanos, especialmente de los dirigentes y de una cierta «elite» occidentalizada. Todo ello orientado a ocultar la auténtica misión del AFRICOM que consiste en promover los intereses estratégicos, económicos y políticos del imperialismo yankee en África, ejerciendo particularmente su control sobre buena parte de los recursos del continente y disponiendo de puntos de apoyo militares en ciertos países o regiones claves. Gadafi estaba entre los jefes africanos más contundentemente opuestos a una presencia militar de los Estados Unidos sobre suelo africano. Gadafi había también cerrado todas las bases militares en Libia después de su toma del poder en 1969. ¿Que ocurrirá con los miembros del CNT?. Es un secreto de polichinela que uno de los objetivos de la intervención de la OTAN es la posibilidad de una reapertura de ciertas bases que habían sido cerradas por Gadafi.. El Guardian, citado más arriba, destaca que el hecho de que el gobierno británico diga no excluir la posibilidad de enviar tropas a Libia para ayudar a «estabilizar» la situación es un indicio de la voluntad de los países occidentales de volver a poner pie militarmente en Libia.
10
1* Deconstruir el discurso del imperialismo
Cuándo pues comprenderán los dirigentes africanos y su «elite» que los discursos sobre la «democracia» y los «derechos humanos» no son más que un barniz, o más bien el embalaje que esconde la verdadera naturaleza de la mercancía, a saber, la estrategia imperialista de dominación de África y del resto del mundo. En realidad, cuando los dirigentes occidentales se encuentran cara a cara, no pierden el tiempo en discutir sobre las virtudes supuestas de la democracia en los países del Sur. Hablan más bien de cuestiones geoestratégicas mayores, de reforzamiento de su hegemonía. En una palabra, de los medios para reforzar su dominación sobre el resto del mundo. Y todo ello pasa por el control de los recursos del planeta en su provecho y la ocupación de puntos estratégicos en los países del Sur y en otros lugares del Globo. Y los medios para ejecutar esta estrategia son la OTAN, el ejército de los Estados Unidos, y los ejércitos de algunos países europeos. Pero para vender esta estrategia a la opinión pública, se recurrirá al discurso sobre los «derechos humanos» y la «democracia». Es lo que ha sucedido en el caso de Libia. Pero no más que en Afganistán o cualquier otro lugar, la OTAN no llevará la «democracia» a Libia. Incluso en los países occidentales, los derechos humanos son actualmente burlados, sometidos a los imperativos de la «lucha contra el terrorismo». Es el caso, sin ir más lejos, de los Estados Unidos. En cuanto a la democracia, ha sido vaciada de su contenido original. Por todas partes es la «democracia de mercado» la que domina. ¡Dirigentes elegidos se ponen al servicio de los mercados financieros y de las multinacionales, renegando de todas las promesas hechas a sus ciudadanos e imponiéndoles todo tipo de sacrificios a fin de «calmar a los mercados»!. Francia, España, Portugal, Italia y sobre todo Grecia son casos de libro en Europa. Y ¡qué decir de los Estados Unidos de Obama. cuyo slogan «Yes, We Can» se ha transformado en «No, I Can’t»!. Cuando uno traiciona los ideales democráticos y se burla de los derechos humanos en su propia casa, ¿cómo puede tener la desfachatez, la impudicia, la arrogancia de pretender exportar la democracia y proteger los derechos humanos en cualquier otro sitio?. Y si «el derecho a la ingerencia humanitaria» es una doctrina destinada a socorrer a las poblaciones oprimidas en todas partes del mundo, ¿cómo es que no se aplica en Palestina?. Un pueblo ocupado, privado de su derechos más elementales, sometido a una opresión monstruosa y al exterminio cotidiano por parte del Estado de Israel. La respuesta, todo el mundo la conoce: Israel se comporta fuera de la ley internacional y ejerce impunemente una política de terror sobre los Palestinos, porque se beneficia del apoyo incondicional de los países occidentales, particularmente de los Estados Unidos. Esta «excepción palestina» muestra a las claras que «el derecho de ingerencia humanitaria» es una estrategia reservada principalmente a África para recolonizarla y meter mano sobre sus recursos. ¡Se trata de una abominación. de una impostura, y los Africanos deben considerarla así!. En efecto, la doctrina del «derecho de ingerencia humanitaria» es la versión moderna de la «carga del hombre blanco» que sirvió de fuerza motriz a la colonización de África en el siglo XIX, con el objetivo de «civilizar» a sus poblaciones «salvajes»!. Se sabe lo que esta empresa «civilizadora» ha producido: genocidios en serie, repetidas masacres, destrucción de culturas autóctonas, desvergonzado pillaje de los recursos y patrimonio de África. «El derecho de ingerencia humanitaria» apunta a los mismos objetivos. ¡En lugar de la «civilización» se evoca la «protección» de las poblaciones frente a sus «dictadores», sus «tiranos»!.
11
2* África, ¡Despiértate!
La ingenuidad de numerosos dirigentes africanos y la pusilanimidad de una cierta «elite» africana «occidentalizada» arriesgan facilitar la tarea de recolonización del continente por los países occidentales. Hemos tenido un ejemplo en el apoyo prestado a la intervención francesa en Costa de Marfil, permitiendo de esta forma a ésta reconquistar uno de los pilares de la Françafrique y reforzar así su dominio sobre los recursos marfileños así como su presencia militar en África del Oeste. En el caso de Libia, la misma «elite», creyendo las monsergas de los dirigentes occidentales sobre la «defensa de los derechos humanos» y la «democracia», ha aplaudido la agresión de la OTAN contra un país africano soberano. ¡Y la instalación del CNT en el poder por la OTAN en una Libia ocupada, repleta de «asesores militares» y de mercenarios occidentales, denominados «sociedad de servicios», como Black Water en Irak, será sin duda saludada como «el advenimiento de la democracia»!. Y a aquellos que podían todavía guardar ciertas reservas sobre esta ocupación, los medios occidentales se encargaron de «traerlos a la razón» insistiendo en la necesidad de prevenir cualquier «retorno posible» de Gadafi, cualquier «amenaza» por parte de los «leales» que estarían todavía activos en Libia. O todavía más, se insistirá en la necesidad de «ayudar» al CNT a desembarazarse de los combatientes de Al Qaeda, disfrazados de «rebeldes». ¡Este es el drama de África: dirigentes ingenuos, fáciles de manipular y siempre dispuestos a imitar o servir a sus tutores, como el presidente Wade ha dado ejemplo, una cierta «elite» sensible a la propaganda sobre «democracia» y «derechos del hombre»!. Es hora de que los Africanos se tomen en serio. Y felizmente, hay una parte cada vez más importante de la opinión en África y en la Diáspora que comprende las verdaderas intenciones de los países occidentales que intentan camuflar los discursos adormecedores sobre la «democracia» y los «derechos humanos». Las conciencias empiezan a despertarse. Los intelectuales, el movimiento social, los artistas, los músicos y otros hombres y mujeres de la cultura contribuyen a este despertar. Ellos son capaces de deconstruir el discurso del sistema capitalista y exponer la estrategia de recolonización del continente africano. Ellos no paran de convocar a los dirigentes y a los pueblos africanos a movilizarse para hacer fracasar esta estrategia. El caso de Libia debe servir de acicate. Sean cuales sean los sentimientos hacia el régimen de Gadafi, lo que ha pasado en Libia es inaceptable. El reto es la defensa de la independencia y la soberanía de un país africano. ¡Si los Africanos se callan y cierran los ojos sobre este caso, seguirán otros y el proceso de reconquista de África continuará bajo el pretexto de «protección de los civiles» contra sus «dictadores»!. ¡Es hora de despertarse! Por todas partes los pueblos están tomando su destino en sus manos y sacudiéndose el yugo de la dominación imperialista. En América latina, que el imperialismo yankee llamaba hace no mucho tiempo su «patio trasero», los pueblos están reescribiendo su propia historia, deformada y desnaturalizada por siglos de dominación, puntuadas de genocidios, de masacres, de pillaje y de negación de las culturas autóctonas. No es ninguna fatalidad que África permanezca como el único continente dominado y humillado. Sólo depende de sus hijos, hombres y mujeres, asumir los sacrificios necesarios para liberar su continente y preservar su independencia y su soberanía.: