El inicio

El inicio

¿Por dónde empezar? La realidad es que, así como la vida, el conocimiento, la opinión, el fluir de las cosas, se articula en un continuum donde el inicio y el fin carecen de solidez objetiva. Se empieza así, en un momento cualquiera, un corte realizado al azar que, de pronto, nos pone en la vía, enganchados a un tren del que a duras penas sabemos de donde viene y a donde va. Sin embargo, lo que llamamos reflexión nos lleva a proponer un viaje, a intuir, en medio de ese loco desgranar de acontecimientos, en ese precipitado de historias que llamamos “hechos”, en esa quema de los instantes en los que transcurre la vida, intuir decimos, una “Historia”, una Historia dicha ya en mayúsculas, un relato que, de una forma u otra alcanza una cierta autonomía.

Alcanzar esta idea de relato nos exige una serie de esfuerzos. De entrada someternos a las reglas del discurso, es decir imponer, en medio de los miles, millones de imágenes y símbolos que saturan el momento, el orden sintagmático que exige la gramática. Definir un sujeto, señalar la acción principal en el juego de los verbos, acoplar las oraciones subordinadas, alcanzar el hilo que diseña el texto como un todo articulado y, sobre todo, marcar un principio y un fin. Por más que una literatura reclame los “fines abiertos”, en el fondo estos no existen, todo discurso entraña un “telos”, un deseo. Apunta a un destino al que satura de optimismo o de tragedia. Utopía o distopía que ya definiera Condorcet como idea de progreso. O su contrario en la voz de Spengler: pura decadencia.

Esto es un blog en el que, desde un determinado punto de vista (puro observatorio) trataremos de reflexionar y desentrañar, en esa reflexión, la compleja forma de la vida. Vida social en esa compleja mecánica que denominamos comunidad política. Por eso reitero la pregunta: “¿Por dónde empezar?”. Quizá aquí sea bueno proponer los límites de este viaje y las reglas exogramaticales que me impongo –las de la pura gramática vienen impuestas por el contexto mismo de la escritura de blog. De entrada comprender lo que nos sucede, lo que hemos dado en llamar la actualidad. Son esos acontecimientos los que me interesan. El por qué de muchas de esas acciones y reacciones que saturan el discurso de la prensa. Esto me lleva a esa otra consideración que en algún momento merecerá también nuestro análisis. Los termas que tratamos se centrarán –y de nuevo radicalizamos el carácter discrecional de la propuesta sin otra lógica que la que surge del modelo de nuestra cultura occidental- en lo que hemos dado en llamar “la política”, es decir, ese conjunto de acontecimientos, y su narrativa, vinculados a la organización del espacio público. Como digo, de nuevo una abstracción bajo respuestas culturales cuya racionalidad no es en absoluto incuestionable.
Nos obsesionan, digámoslo claro, esos “por qué” repletos de urgencia social y política, desde la crisis de Ucrania hasta la actual selección del gabinete francés, desde la “valla” de Melilla hasta el artificio “numeral” de una moneda que no existe. En unos casos la complejidad del tema se abre así, sin complejos, al juicio de un análisis basado en la razón y los datos históricos acumulados; en otros es, termina siendo, molécula, polvo, de una más grande masa de “decires”, ese “lo que se dice”, y que denominamos “Opinión pública”. El juego estratégico, he ahí la función del blog, como antaño sucedía en la plaza pública, la taberna o el mercado, es convertir esos “decires” en el discurso pleno y compacto de ese grupo social definido ya como político. En definitiva, espacio público comunicativo donde el individuo, en su opinión todavía privada, en cuanto articulada en la esfera que le es propia, alcanza el dominio de la comunidad y se convierte el Pueblo.
Con ello encaro la tercera dimensión de este proyecto. Si en primera instancia se define como una reflexión que ansía conocer a través del juego del análisis, las otras dos dimensiones nacen y se plenifican desde el mismo momento en que encaro el discurso en el espacio abierto del Foro. En su raíz teolfree_speechógica, como diría Carl Schimitt, pura conciencia hecha carne. De entrada creando un flujo de información que espera y ansía encontrar en el oído de un otro su dimensión comunicativa y, así, desde su actual condición de puro pensamiento, alcanzar la dimensión de mensaje. Ahora bien, no puro mensaje. He ahí la tercera ratio. Nos hemos referido al polvo, mero polvo en esa gran masa de una opinión devenida vox populi, pero como proclamará Quevedo, también “polvo enamorado”, es decir, en este caso, polvo repleto de voluntad, barro del que nace la Voluntad General. En breve, tres dimensiones: pensamiento, mensaje y acción.
Acción en la frenética ola que reclama el momento.