Empresas transnacionales Ad-hoc

Una ET es aquella que posee filiales en países diferentes a los de la empresa matriz, desarrollando a su vez influencia a nivel económico, social, diplomático, comercial, institucional, legal o político (entre muchos otros aspectos) para producir sus bienes o prestar servicios, además, deberá poseer al menos el 10% del capital de la empresa matriz en una filial extranjera. Según (Robbins & Stobaugh, 1973) el término comprende cualquier empresa con vínculos en el extranjero. Para (De Jong, 1973, pp. 135-136) se define como “aquella empresa que realiza sus transacciones en países extranjeros de la misma manera que interiormente y que utiliza sus medios disponibles sin tener en cuenta las fronteras nacionales“; Las ET tienen múltiples implantaciones territoriales pero cuentan con un único centro de decisión.
TransnacionalesNo hay que confundir con multinacional ya que, una empresa se convierte en multinacional cuando toma la decisión de adquirir o establecer una fábrica en el extranjero, aunque a priori las diferencias no parecen excesivas, las hay, y de gran calado, ya que la empresa transnacional suele operar mediante filiales independientes (de hecho pueden ser un clon de la empresa matriz, y en muchos de los casos inclusive resultado de una adquisición de una empresa que ya existente) con el consiguiente beneficio de crear cortafuegos (o departamentos estancos) tanto en casos de ganancia como de pérdidas, evitando la afectación al resto de filiales o empresa matriz. Además, más allá de tener una oficina corporativa, se permite que cada filial desarrolle diferentes procesos como RRHH, finanzas etc., mientras que la multinacional como tal, opera con capital en diferentes países donde puede producir en todos o en uno solo; además sus ofertas no están coordinadas, se centran en cubrir las necesidades del mercado local, siendo generalmente muy activas en los sectores económicos que presentan mayor dinamismo.
Los tiempos en los que una empresa fabricaba todos sus elementos de manera propia o necesitaba proveedores externos (contados con los dedos de una mano) para elaborar sus productos, han pasado a mejor vida, existen transnacionales textiles con más de 7.000 proveedores, y lo que es más anacrónico, con un departamento de control de esos proveedores y RSC de alrededor de ochenta personas, por tanto, es imposible controlar ni la producción ni el procedimiento, por no hablar de la ética y de los galardones por buena gestión que reciben muchas de las mismas cuando a todas luces, es manifiesta su “incapacidad real” pese a que según contratos, todo es controlado y controlable.

Gran cantidad de multinacionales que en el pasado desarrollaban sus productos, han evolucionado su concepto, llevando al extremo procedimientos de externalización y necesitando para su elaboración una infraestructura mínima, en muchos de los casos dependiendo únicamente de la de sus proveedores. Las empresas desarrollan un papel importante a la hora de elaborar productos globales,  hoy en día, creando empresas “globales” o transnacionales (que no es lo mismo) en muchos casos de dimensiones ciclópeas, siendo más fácil su comprensión de manera visual en un mapamundi, que a través de complicados documentos societarios, generando paralelamente tentáculos en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, consiguiendo  modificar la concepción preestablecida sobre obligaciones contractuales empresariales, ética-económica, mercado, relación con los trabajadores, propiedad-dirección, ejecución de tareas o creación de riqueza, consiguiendo entrar de lleno en el nuevo orden mundial empresarial, desarrollando nuevos roles y entendiéndose como nuevos actores de este nuevo paradigma global, según información de Eldiario.es de 8/10/2014 “La UE amenazó a Ecuador con eliminar ayudas al desarrollo si no aceptaba el libre comercio”; las ET tienen mucho que decir, aportar y recibir, compitiendo directamente con los estados, y en muchos de los casos con mayor supremacía que los mismos, de hecho para diferentes autores como Maak, exigen que las firmas jueguen un rol pro-activo como ‘agentes de beneficio mundial'; “El poder político, económico y jurídico del que disponen las empresas transnacionales les permite actuar con un alto grado de impunidad, siendo su control normativo muy desigual, ya que sus derechos se protegen por una nueva lex mercatoria integrada por el conjunto de contratos, normas de comercio e inversiones de carácter multilateral, regional y bilateral y las decisiones de los tribunales arbitrales y el sistema de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, sus obligaciones se reenvían a legislaciones nacionales sometidas a políticas neoliberales de desregulación, privatización y reducción del Estado en políticas públicas y fortalecimiento de aparatos militares y de control social. Es decir, se construyen legislaciones Ad-hoc para la defensa de los intereses de las transnacionales” aunque simultáneamente debido a diferentes intereses, muchas empresas han optado -por aclamación popular-  establecer mecanismos que faciliten o abran el camino hacia un trabajo más digno para muchos de sus trabajadores (fábricas textiles en países con vías de desarrollo), proveedores, grupos de interés, así como un trato más ético hacia los consumidores o usuarios que hacen uso de sus productos. Actualmente está emergiendo un empuje social que hace detestar toda clase de abusos en la cadena de valor o contra el medio ambiente, que recordemos, es de todos y no propiedad de ninguna empresa aunque paguen la “contribución” del lugar donde se asientan, en otros ni siquiera, ya que desarrollan la actividad a cambio de determinadas exenciones fiscales como la citada anteriormente, además de poner una ingente cantidad de recursos al servicio de las mismas, mientras que a esos mismos ciudadanos de los que depende ese gobierno, se les niega el pan y la sal, por tanto si la política está concebida para los ciudadanos y resulta que para lo que realmente importa no existen, habrá que replantearse qué tipo de estado, de empresas y de gobernantes queremos.
Actualmente, el marco regulatorio de las empresas transnacionales es reducido (o amplio, en relación de quién lo examine y bajo qué perspectiva y orientado hacia el Derecho Comercial Global) inclusive, usando apéndices legales para su control o para su expansión (muchas veces su regulación es Ad-hoc, realizándose a conciencia para dejar una parte concreta en un limbo legal, y precisamente realizar actividad en ese espacio) como el derecho internacional de los derechos humanos, derecho societario, laboral y comercial, principios UNIDROIT, INCOTERMS, organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, OCDE, acuerdos de Bretton Woods, etc.,) o todo tipo de RSC empresarial no siendo esta una fuente de derecho como tal, aunque propiamente la forma directa de control es realizada a través de la participación en su capital, pudiendo ser condicionada su conducta a través de un control indirecto ejercido por empresas nacionales u otros organismos; cabe preguntarse con estos mimbres ¿qué capacidad de maniobra tiene un estado o normativa internacional ante cualquier incumplimiento laboral o necesidad urgente que precise mover un entramado de este calibre?, teniendo en cuenta la capacidad de hacer cambiar el voto “democrático” con el simple hecho de establecer una fábrica en uno u otro lugar o comprando a uno u otro proveedor, ya que la riqueza que generará en esas zonas o gobierno (materializado en nuevos contratos, opinión pública, rankings internacionales económicos o corrupción en muchos casos) será manifiesto.
Y, todo esto, aderezado con una catarata de asesores, abogados, contactos y recursos prácticamente sin límites que hará que la gravitación de fuerzas necesarias para un correcto funcionamiento social, del entorno y económico, se cree y retroalimente de una manera disfuncional para en muchos de los casos desarrollar como poco comportamientos oligopólico o según Hymer, 1976 desarrollando connotaciones especiales haciéndola, más vertical y jerarquizada, trasladándose esto a la economía global y generando con ello unas condiciones favorables al desarrollo desigual; para Aurelio Peccei (director de FIAT, Olivetti y organizador del Club de Roma), “las empresas transnacionales son el agente más poderoso de la internacionalización de la sociedad humana“. (Hilferding, 1910, p. 337) señalaba hace un siglo en su obra “el capital financiero significa la unificación del capital”, “Los antiguos sectores separados del capital industrial, comercial y bancario se hallan bajo la dirección común de la alta finanza”; por último según el profesor Gus van Harten de la Facultad de Derecho Osgoode Hall de Toronto “El arbitraje de tratados de inversión es una importante pieza jurídica e institucional del rompecabezas neoliberal porque impone unas restricciones legales y económicas excepcionalmente poderosas sobre los Gobiernos y, por extensión, sobre las opciones democráticas, con el fin de proteger de toda regulación los bienes de compañías multinacionales“.