Poder Constituyente

Las sociedades, como los entes vivos, nacen, se desarrollan y mueren. Lo bueno, y con esto nuevamente coinciden con la biología de los seres, también se reproducen manteniendo así la vida. Es decir, los viejos sistemas, arrastrados por la entropía, acumulan tal cúmulo de contradicciones que se convierten en inviables y quiebran como estructuras. La solución, a partir de ese momento, ya no puede consistir en seguir poniendo parches y aplicar ungüentos y arreglos, es mejor acogerse a un plan PIVE y cambiar de coche.
Si seguimos con esta última metáfora, la Constitución como un vehículo sobre el que proyectamos nuestros viajes, podemos ver que esta decisión de cambio se toma sobre tres variables. De entrada la tenencia de un capital suficiente para afrontar la operación, segundo el tránsito de tiempo, es decir, que el coche se nos haya quedado definitivamente viejo y, por estropeado, ya no sirva para la función ara la que fue adquirido y, tercero, que el marco vial-social en el que se mueve el vehículo se haya transformado de tal manera que aconseje hacer el cambio. En este caso decimos que el coche resulta ya obsoleto. No cabe duda alguna, hoy acumulamos las tres causas que nos invitan a cambiar el texto de la constitución. Treinta años son ya un período suficientemente largo como para comprender que la norma constitucional se ha quedado definitivamente vieja. De entrada dos generaciones han nacido mientras sin sentirse directamente concernidas por aquel proceso constituyente, pero es que, además, los fallos de mecánica institucional se acumulan como apreciamos en los mil problemas del aparato. Pasemos al tercer factor. Aquel vehículo constitucional surgió para un espacio geopolítico y social radicalmente distinto al que contemplamos en la actualidad. En lo internacional no cabe duda alguna, basta apreciar la variable europea, pero es que también se aprecia en lo específicamente interno. Dicho en breve, hay que cambiar de modelo porque el mundo en que nos movemos es radicalmente distinto. Pero es que, además, tenemos la fortuna de disponer del capital suficiente para el cambio y esto es quizá lo más importante.

asamblea_constituyenteVaya por delante. Para cambiar una constitución no necesitamos capital económico ni monetario, el capital al que me refiero es justamente capital político. Hablar de capital político es hablar de una ciudadanía en pie, suficientemente politizada y con voluntad de cambio. Es cierto que esto no se daba hace algunos años, el desarrollismo en el que vivíamos, las urgencias económicas de progreso, el individualismo creciente, todo esto había apartado a las gentes de la política, lo privado saturaba la vida y, con una incomprensible ingenuidad, la sociedad había dejado la función política en manos de una cierta profesionalización de los políticos. Lo importante es que todo esto ha cambiado.

Por eso hoy podemos presumir de tener capital suficiente para afrontar el cambio constitucional, gentes de todas las edades, profesiones, condiciones sociales y territorios, han decidido reclamar el cambio. Es cierto, todavía colea la resistencia de una casta temerosa de perder sus prerrogativas y privilegios, pero el “tsunami” del pueblo parece imparable. Definitivamente se abre un nuevo proceso constituyente.
Frenar el proceso, que ya arraiga en el ánimo de una mayoría que quiere dejar de ser silenciosa, no es que pueda llevar a la frustración –veamos que pasa en Cataluña-, sino a la desintegración definitiva del sistema. La ley de la biología a la que hacíamos referencia al principio, deja bien claro lo primero: los organismos nacen, se desarrollan y mueren; para continuar la vida requieren ese cuarto factor de reproducirse, es decir, asumir la generosidad de continuar pero ya en la vida de otro ser por más que pueda asemejarse a nosotros. El problema es que este cuarto factor, la reproducción, no entra en los insoslayables mecanismos anteriores. Como hemos dicho, detener la marcha sólo nos conducirá a la muerte, para afrontar esa continuidad no hay otra vía que abrir los brazos a ese nuevo proceso constituyente.