Manifiesto para la segunda transición: Panfleto para una lectura radical de la Constitución V.

Manifiesto para la segunda transición: Panfleto para una lectura radical de la Constitución V.

PREÁMBULO (sigue)

Ya hemos visto el inicio del inicio. Ya sabemos que es lo que mueve este proyecto que podemos llamar la Nación. Volvemos a reafirmarlo. De entrada cuatro cosas: establecer la JUSTICIA, la LIBERTAD, la SEGURIDAD y el BIEN COMÚN, de cuantos la integran. Ahora el problema es saber cómo.
También ahí la Constitución, desde su mismo Preámbulo está lleno de ideas. A duras penas necesitaremos más concreción en algunos puntos. Fuera los intérpretes, la Constitución está escrita para todos nosotros y no necesita sacerdotes que nos vengan a decir que hay detrás de cada párrafo. Por eso seguimos con nuestra lectura.
A partir del siguiente párrafo entramos ya en un espacio mixto donde los objetivos se entrelazan con las formas. Estamos todavía en el marco de la voluntad política, recordémoslo, el Preámbulo es, todavía, plena materia política, aún no entramos en el detalle legal y normativo. Voluntad política, decimos, pero, recordémoslo, en su momento lo demostraremos, voluntad obligada, verbo sí, pero verbo convertido en potencia, verbo que ya es carne. Por eso los seis siguientes párrafos comienzan con un infinitivo. Estamos ante un tiempo verbal que entraña disposición, voluntad, deseo. Garantizar, consolidar, proteger, establecer, colaborar. Este es el programa que se impone la Nación. Es decir, el programa que establece el constituyente, pero sobre todo que se impone a sí misma la sociedad definida como voluntad política. Estamos ya ante un programa de acción. Ahora bien, ese programa también es claro y manifiesto, a duras penas reclama de nosotros ningún esfuerzo de interpretación, la orden ejecutiva que entraña ese tiempo en infinitivo resulta de lectura inmediata:
Garantizar la convivencia democrática. este es el primer mandato y para el mismo nos marca el camino: el desarrollo de un orden económico y social justo.

Es decir, el concepto de democracia queda así vinculado, desde el mismo inicio del texto, con una justicia innata asentada en el orden económico y social.

El concepto democracia supone, por lo tanto, democracia económica y social. Luego veremos las consecuencias. El segundo mandato: Consolidar el Estado de Derecho. De nuevo uno de esos conceptos que tanto gustan a los “bienpensantes”. Pero de nuevo el constituyente nos da la clave. Sí, imperio de la ley, esto es lo que significa estado de derecho, pero, no lo olvidemos la ley, toda ley no es otra cosa que la expresión de la voluntad popular, es decir, la voluntad del pueblo. El Estado de derecho no es otra cosa que la voluntad del pueblo. Ley es lo que el pueblo quiere, y tengámoslo claro, el pueblo sí que sabe lo que quiere. No necesita de nadie que venga a decírselo.
Por si cupiera alguna duda, ahí vienen tres párrafos que nos dan cumplida cuenta de esa voluntad del pueblo. Todo bien sencillo, nada de complejas fórmulas construidas por leguleyos, lo que el pueblo quiere no es otra cosa que la plenitud de su persona, es decir, esos derechos que como humanos le son inalienables, y la plenitud de esa comunidad en la que se siente. O sea, primero el pleno ejercicio de su ser. Un ser que se despliega a través de la plenitud de su persona, de ahí esa referencia directa a la protección de los Derechos Humanos, pero también sus derechos como comunidad, su cultura, lenguas y tradiciones. En definitiva, algo tan simple como esa doble dimensión de la que participamos cada uno de nosotros: De entrada como sujetos individuales, pero también como comunidad articulada.
Y, por último, Promover el progreso de la cultura y de la economía y Establecer una sociedad democrática avanzada. Con ello se percibe la otra gran nota que caracteriza el Preámbulo y que define el ser en sí del mismo texto constitucional. La Constitución se define como un camino. En breve, a lo largo de todo su enunciado se percibe una idea constante, un leif motiv que circula por todo su discurso, la idea de progreso. El texto nos anima constantemente a avanzar, a no quedarnos rezagados y muchos menos retroceder. No hay posibilidad de marcha atrás, al contrario, todo el texto se define como un proceso perfectamente definido en lo direccional: progresar, avanzar, promover. La constitución se presenta así como un verdadero proyecto que no deja espacio al desencanto. Lo que nos prohíbe el texto es todo retroceso, todo paso atrás. Retroceder se identifica aquí con la traición, verdadero crimen de lesa patria, de lesa nación, de lesa pueblo. Estamos aquí para desarrollar un camino que nos lleve a esa utopía que nos enuncia el mismo texto: un mundo de justicia, libertad, seguridad y bien común. Luego el mismo texto, ya en su parte articulada, acercará este proyecto a la forma de la ley, Ley suprema, recordémoslo, ley que nos obliga haciendo irrenunciables los pasos ya dados en esa gran marcha adelante.
Por último el párrafo final. Se ha dicho que el texto de 1978 carece de la radical prohibición de la guerra que proclamó el constituyente de la II República. No estoy de acuerdo. El texto Republicano se articula en un momento histórico concreto carente de un verdadero derecho internacional. No es esto lo que sucede el 1978. Otra cosa es que no sepamos o no queramos leerlo. Para la década de los “70” ya existe Nacional Unidas y su Carta con todo el Capítulo VI. Es ahí donde radica la prohibición radical de todo acto militar que no sea de pura defensa. Una Carta que, como veremos, se convierte, gracias a la puerta del articulo 10 en parte sustancial del mismo texto constitucional. Eso para empezar. Pero es que hay más, el Preámbulo, como venimos insistiendo, es también parte sustancial de la Constitución, y parte obligatoria, ya lo veremos al comentar el importantísimo artículo noveno. Y en eso el texto es bien claro: “Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación con todos los pueblos de la Tierra”. Muchas cosas se dicen aquí. De entrada el imperativo de las relaciones pacíficas. No caben otras, pero además la cooperación. El concepto cooperación alcanza consistencia constitucional, la cooperación es parte así de nuestro proyecto político, del proyecto del estado, de la nación. Pero también la interlocución. Las relaciones son con los pueblos. Lo que interesa al constituyente son los pueblos, los pueblos por encima de los mismos estados. A partir de aquí la lectura de la Constitución tiene que ser bien clara. Son ese pueblo, esos pueblos, esas personas las que realmente interesan a la comunidad constituida como nación española. Tengámoslo bien claro.