Que es una república y que es una monarquía

Lo primero es apreciar cuales son los rasgos básicos del régimen republicano y, por extensión, de una democracia. Entendemos por república un modelo de organización política donde se dan las siguientes características: a) El poder se define como ascendente. Asumida la vieja metáfora piramidal con una cúpula ejecutiva en lo alto, la república debe configurarse de tal forma que la titularidad, fuente y dominio del poder político residan siempre en el pueblo, que es, por ello, el encargado de la designación, nombramiento y destitución de todos los cargos con ejercicio público. b) Toda la actividad ejecutiva y de responsabilidad política se definen como “cargo”, es decir, como expresión de función gestora al servicio de ese soberano que es el pueblo. Una función gestora encomendada a unos elegidos entre todos pero con los que mantienen, en todo caso, una relación de igualdad. c) Que, si bien es cierto que todos, cargos y el resto de miembros de la comunidad política, son iguales en cuanto ciudadanos, esos que reciben el encargo –“cargo”- de organizar la dirección/gelefante_rep-300x223estión de la sociedad, en cuanto piezas de esa organización política, quedan, mientras ejercen su función, en una posición de subordinación y servicio frente al resto que, al actuar como ciudadanos, constituyen la expresión de la soberanía. Es decir, la posición de responsabilidad nunca puede suponer una posición de superioridad ni de ventaja sobre el resto, al contrario, en todo caso esos cargos deben tener plena conciencia de su función de servicio (servicio público) ante  el resto de sus ciudadanos. En todo caso el cargo es siempre voluntario y debiera ser temporal, lo que justifica la carga (el peso de su ejercicio) y facilita la liberación de la misma.

 
De estas premisas debemos deducir el resto de coordenadas que regulan la estructura democrática: 1.- Imperio de la ley en cuanto expresión de esa voluntad general del pueblo, 2.- Primacía de la persona en cuanto fin último de todo el orden jurídico-político, 3.- Organización funcional (que no separación de poderes), con distribución de esas funciones entre las grandes instituciones del estado.

Recordemos, el poder es único y reside en el pueblo, sede de la soberanía, por eso las funciones que alcanzan los cargos han de ser siempre parciales (de ahí el concepto de separación) con expresa prohibición de que un cargo pueda acumular el sumatorio de esas funciones repartidas, pues en este caso terminaría sustituyendo al mismo principio soberano.

Esta última es, quizá, una de las principales diferencias con la idea de monarquía donde el rey (Mono Arkos, -monarca- un solo poder) acumula todas esas funciones asumiendo la plenitud de la soberanía. Con ello queremos reafirmar una idea, las tres características clásicas de los sistemas democráticos contemporáneos (Respeto de la Derecho Humanos como expresión de la persona, Separación de poderes e Imperio de la ley) no son objetos en sí mismos, sino meras consecuencias de la verdadera definición de la idea republicana: el reconocimiento radical de que todo el poder político reside en el pueblo, que, por lo tanto, toda función de organización y “mando” se ejerce siempre y solamente como cargo, es decir, como actividad encargada por ese pueblo y vinculada siempre al mismo, que, por ello, ese pueblo debe mantener siempre su supremacía en todos los órdenes, incluido el protocolario y que, por último, esta función, aunque aparezca como de “mando” es en realidad de servicio.