Manifiesto para la segunda transición: Panfleto para una lectura radical de la Constitución VI.

Manifiesto para la segunda transición: Panfleto para una lectura radical de la Constitución VI.

La estructura del texto

La estructura del texto es también parte del mensaje. Para romper la competencia simbólica de las imágenes, propongo dos metáforas distintas que nos ayudan a comprender el orden interno del edificio constitucional. Por una parte podemos proponer la imagen de los cimientos y el vuelo de la construcción. Es decir, ese Preámbulo que ya hemos trabajado sería la base firme sobre la que  se eleva toda la arquitectura, junto a él aparece la plenitud de edificio descrita en el articulado del texto. Usaremos esta imagen en algunos casos.

La otra metáfora del texto constitucional no es otra que la archifamosa idea de la Pirámide. El orden jurídico como un sistema piramidal donde, desde la cúspide a la base se articulan las distintas normas ordenadas bajo un triple mensaje. La expresión de los volúmenes normativos, la jerarquía de las normas y  la competencia legitimadora.

Cuanto más alto el rango normativo más escueto el mensaje. Así se despliega desde la base donde se acumularían el inmenso número de mandatos de una sociedad moderna hasta la cúpula, un vértice que llega a la misma idea de unidad, ese punto geométrico que culmina todo el sistema. La Constitución se asienta justamente en este punto. Sin embargo las metáforas, como los mitos y los cuentos, necesitan ser leídos y, en su caso, traducidos para su mejor comprensión.
Lo primero que llama la atención es la doble configuración lingüística del texto. Ese Preámbulo que hemos leído, que aparece textualizado de una forma no articulada y el resto del texto sometido a la forma literaria de un discurso desgranado en artículos expresamente numerados. Algunos han planteado, como ya hemos dicho, el carácter meramente expositivo de este primer apartado, reservando al resto de la Constitución el verdadero contenido jurídico. Ya nos hemos posicionado contra esta interpretación. Todo el texto de la Constitución, desde el Preámbulo hasta sus últimas disposiciones tiene un mismo valor heurístico.
Nuestra lectura es justamente esta. Todo el texto es parte de la Constitución y como veremos de la lectura de algunos de sus artículos clave, todo el texto entraña esa competencia transformadora. En definitiva, todo el texto OBLIGA. Ahora bien, ese texto entraña dos partes distintas, lo que denominamos una parte política y una parte jurídica. Es la parte jurídica la que arranca justamente aquí, en ese artículo primero después del texto  del Preámbulo. El orden jurídico y la Constitución como norma jurídica arrancan desde esa definición normativa de la idea del Estado, pero esto no liquida el valor de la parte anterior. El Preámbulo es así la expresión de la voluntad general, el verdadero espíritu de la comunidad política devenida estado. Es esa voluntad la que, luego, se hace carne en las normas jurídicas del ordenamiento. La Constitución aparece así como un texto mixto. Un texto que participa de una doble cara, por un lado la razón política, es decir, la expresión de la voluntad, por otro la razón jurídica, es decir, la voluntad convertida en norma.
Por lo tanto, es justamente aquí, desde ese limen del artículo primero, donde comienza el orden jurídico. Donde se levanta el edificio de las leyes. Y lo importante es apreciar que ese edificio tiene, nuevamente, distintas partes y habitaciones.
El texto aparece así organizado de la siguiente forma. Un primer título denominado Preliminar. Etimológicamente vendría a decir que justo antes del inicio. La denominación parecería redundante respecto a ese otro apartado también marcado por el prefijo “Pre”, el Preámbulo que ya hemos leído. Sin embargo el rigor de las palabras nos ayuda a identificar ambos espacios. El primero, ese Preámbulo, aparece configurado justamente como un camino. Ese deambular que entraña el proyecto político. El texto del Preámbulo viene de esta manera a configurar ese instante previo a la decisión de la marcha, Pre-Ámbulos, momento inicial donde surge la comunidad política. El segundo apartado, ese ya título Prelimiar, se ubica ya en el espacio del edificio institucional. En esas puertas de la casa, a los límites, Pre-Limen, de la gran construcción constitucional.
Lo importante es apreciar que esta parte, ya plenamente jurídica, mantiene dos funciones netamente diferenciadas.

Por un lado está la estructura dogmática del sistema, es decir, los fundamentos básicos, aunque ya normativos, es decir, post-políticos, sobre los que se asienta todo el edificio. Fundamentalmente son dos los títulos que recogen estas bases sistémicas, ese título Preliminar y el título Primero. El Preliminar con la función de establecer los presupuestos del sistema, es decir, la definición misma del estado y el derecho.

Espacio tautológico en cierto grado –plenamente en el caso del artículo noveno como veremos- pero sobre todo fundacional. Este título es el apartado desde el que se funda el estado tal y como lo ha querido la voluntad general manifiesta en el Preámbulo. El título Primero da un paso más. Si los nueve primeros artículos nos sirven para reconocer el Estado, los artículos que comienzan en el numeral diez aterrizan directamente en la persona. El derecho se declara definitivamente subjetivo en el proceso de construcción del hombre como ser humano.
Persona y Estado se confrontan de esta manera como las dos expresiones del sistema. Lo importante es que lo hacen desde  una inequívoca exigencia, el valor de la democracia. Un estado democrático –esta es la conclusión de ese título Preliminar- para una persona plena, es decir, abocada a la plenitud de su desarrollo en su condición de ciudadano. Esta declinación es la que aparece luego ya en el Titulo Primero.
Estos son los dos parámetros sobre los que se medirá la eficacia del texto constitucional. Todo lo demás, como también veremos, no es más que mecánica. Mecánicas para alcanzar los objetivos reconocidos, definidos y convocados por estos dos primeros títulos del texto. Parte orgánica por oposición a los primeros definidos como dogmáticos. Pura organización al servicio de esos objetivos, de ese destino propuesto desde el mismo origen constitucional, es decir, desde ese Preámbulo que marca la voluntad política.
Comenzaremos, por eso mismo, siguiendo el mismo orden que recoge el texto, con ese título Preliminar, con esos nueve artículos en los que encontramos la definición del estado. Y también sus límites. No lo olvidemos, el texto, como ya hemos dicho, no es sagrado, todo lo contrario, mantiene una historicidad inevitable. Frente a esa historia concreta, frente a la realidad del momento, tendremos que realizar esta lectura. Es ahí donde sabremos qué falta y qué sobra dentro del texto constitucional, pero sobre todo qué es lo que posibilita y hasta dónde podemos llegar con este texto en el camino emprendido que nos abre el Preámbulo.