Venimos hablando de soberanía y de pronto, como una serpiente de verano, aparecen las noticias encadenadas de y sobre Wikileaks.
Hace algunos años anoté –y publiqué- que las ONGs podrían tener el suficiente vitriolo para erosionar los muros de hormigón de los Estados militarizados de nuestro occidente. Las estructuras burocratizadas de nuestras democracias, consumida la potencia libertaria de los partidos políticos y los sindicatos, parecían encontrar en esas entidades, por definición, ni lucrativas ni gubernamentales, es decir, en la doble neutralidad de la dependencia partidista y empresarial, la nueva savia capaz de reconstruir el tejido democrático. Eran tiempos en los que Greenpeace retaba al gobierno galo y Amnistía se manifestaba ante las prisiones de Alemania, España o Estados Unidos y sus afiliados, verdaderos militantes, arriesgaban años de cárcel entre la denuncia y la acción militante. Veinte años después todo quedó en “agua de borrajas”. Las ONGs se convirtieron en la “infantería humanitaria” de los ejércitos modernos. Fue la guerra de Bosnia luego Kosovo, Afganistán, Irak. Batallones de reconstrucción sentimental donde los estados –las Administraciones- financiaban programas a unas ONGs cada vez más tributarias, más mercenarias, de la acción definida por, desde y para los Gobiernos. Hoy, incluso, se han dado pasos de gigante en la domesticación de ese humanitarismo de mala conciencia. No sólo viven de las cuentas públicas sino que son los funcionarios los que definen los campos de acción competentes donde ONGs contratistas –o subcontratas- se aprestan a barrer los trastos rotos. La idea de combatividad autónoma, la denuncia constante, el riesgo en pro de los derechos humanos, ha desaparecido. Un día veremos patrocinar a Coca Cola algún preso de conciencia, espero que cubano, daría muy bien para un anuncio para el “cubalibre”. Ya Benetton nos enseñó el camino (¿O el Camino?). Y, de pronto, apareció Wikileak.
Volvamos sobre esta entidad. Me interesa. Pero antes de analizar esa hazaña de editar los nuevos “Papeles del Pentágono”, recordemos algunas cosas. Una democracia es una combinación de dos factores: de entrada la vinculación del poder, de todo poder, a la voluntad del pueblo. Dos. No basta que la norma surja de la voluntad popular, debe también ser compatible con el respeto de los derechos humanos, es decir, a la dignidad de la persona, de toda persona. A partir de aquí la lectura reclama un esfuerzo constante. Ahora bien, si el pueblo es soberano debe tener acceso pleno a toda la información sobre la que estructurar sus juicios. Conceptos como “secretos oficiales” son, de entrada, sospechosos y deben limitarse al mínimo. Sólo deben existir cuando, sin afectar al núcleo de los derechos humanos, sean imprescindibles para la seguridad del país. Es más, deben someterse, aunque sea a posteriori, a un escrutinio eficaz con la sanción penal de todo funcionario que, sin un motivo suficiente, haya clasificado como tal un hecho sin el debido respeto a los dos principios anteriores. Por eso una democracia no debe temblar ante la publicación de 70.000 documentos secretos, sino que debe reaccionar felicitando al quien los dio a conocer y condenar a aquellos que, sin derecho alguno, privaron al pueblo de semejante información. Pero es más. Estos papeles terminan no revelando nada nuevo. Todos sabíamos que en Irak, como en todas las guerras, se cometen crímenes atroces. Los papeles solamente nos incorporan las pruebas documentadas de estos crímenes. Con ello ya no hay excusa: esas autoridades que tanto se escandalizaban de esos crímenes pero luego los sobreseían ante la falta de pruebas, ahora ya pueden ejercer sus sentimientos justicieros, detener a los responsables, juzgarlos y condenarlos en su caso. Con ello la imagen de los ejércitos se vería reforzada, no sólo por la transparencia sino también por la expulsión de violentos y criminales. Nada de esto se ha hecho. De entrada se acusa a Wikileak de “deslealtad” (¿?), de ser responsable de los nuevos crímenes que se cometan (¿Cómo?). Incluso siete ONG, incluida la antaño combativa Amnistía Internacional, en vez de apreciar ahí el renovado estímulo de una auténtica lucha por los derechos humanos, se lanzan a una condena que, a muchos, nos ha dejado atónitos. ¿Es A.I. responsable de la muerte de tantos desaparecidos en las mazmorras de aquellos estados que se vieron señalados por el coraje de su denuncia?. Como diría el vasco, “a por Rolex o a por setas”, Cruz Roja entendió su labor humanitaria al margen de toda denuncia. Es una opción. Pero si construimos nuestra razón de ser en “ventilar” los crímenes, no caben tantas componendas. (Es curioso que A.I. no fue tan “cuidadosa” cuando Wikileak denunciaba los crímenes de Kenia. ¿Sólo existen esos riesgos que tanto le inquietan cuando el denunciado es el Pentágono? A.I. debía comprender que a muchos nos podría inquietar esta pregunta)
Pero aún cabe un último servicio que tenemos que agradecer a Wikileak, una verdad más profunda y que es la que definitivamente queda desnuda ante nuestros ojos: No hay guerra limpia. Al utilizar los ejércitos, los Gobiernos, las Administraciones, son conscientes de que el 90% serán siempre víctimas inocentes, es decir, al margen del conflicto. “Neutralizar” a un sospechoso de terrorismo por medios militares supone matar –en la terminología del código penal se diría directamente: asesinar- a miles de niños, mujeres y hombres que estuvieran por allí. Asesinar directamente. Los llamados “daños colaterales” son otra cosa. Pero es más. Nos dirán que mantener un ejército formado por personas corrientes, como nosotros, a miles de kilómetros de sus casas –y, tengámoslo claro, muchos de los que se enrolan no son como nosotros- requiere de sus mandos una cierta “tolerancia” frente a sus abusos. Nos dirán, <están sometidos a demasiada stress como para no “perdonarles” algunas cosas>. Todos estos crímenes también entran en la cuenta.
Por eso reclamo el apoyo entusiasta hacia la labor de Wikileak. Máxime ahora que, de pronto, aparecen “cosas” que pretenden desacreditar a su fundador. De nuevo, muchos no hemos podido dejar de sospechar en una respuesta de tanto gobierno ofendido. De entrada porque nos desvela lo que está sucediendo (otro día podremos reflexionar si es o no información, y cual debe ser el papel de la prensa). Es una documentación válida para la generalidad, pero sobre todo para los juristas. Ahí lo que se desvelan son crímenes. Pero también porque nos sirve para robustecer nuestra frágil democracia. Como hemos dicho, sólo la transparencia es el terreno sobre el que fructifica la Voluntad General.
¡Ah!, por cierto. Otra entidad de la que me gustaría saber la opinión de todo esto. ¿Qué opina Transparencia Internacional?
Popularity: 8% [?]
Si disfrutaste nuestro artículo, siéntete libre de suscribirte a nuestro feed rss








