La gran dificultad para construir todas esas nuevas teorías que hoy circulan sobre choque, alianza o diálogo de civilizaciones o culturas estriba en la previa definición de esos conceptos a los que damos entidad subjetiva: esas mismas civilizaciones o culturas.
El problema arranca desde su propia confrontación y el matiz progresista o reaccionario con los que las doctrinas alemanas y francesas han tratado de matizar su contenido. Sin embargo la dificultad es aún más profunda y estriba en la existencia de esas entidades como objetos reales, dotados de vida y personalidad propia.
Una aproximación semántica nos lleva a otros dos términos cuya mecánica, sin embargo, tiene su propia dinámica: las distinciones étnicas y raciales y el universo de las lenguas. Si bien es cierto que ningún científico se atrevería a proponer la existencia de biotipos diferentes, es decir prototipos humanos con una raíz diferencial basada en la estructura biológica, respecto a las lenguas sí que percibimos de inmediato la existencia real de diferencias. También es cierto que si descendemos al nivel de los dialectos pronto encontramos un espeso enjambre que difumina toda posibilidad de una cartografía clara de los usos lingüísticos. …haz clic aquí para leer más
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Estamos cruzando los veinticinco años de las primeras leyes modernas de extranjería y, sin embargo, aún no hemos encontrado, no ya un modelo de ordenación que haga plenamente compatible la protección que pretenden estas leyes con las exigencias de la doctrina de los derechos humanos, sino incluso algo mucho más inmediato, las mecánicas de resolución técnica de conflictos de extranjería basados en principios de justicia y eficacia.
Los orígenes de la economía fueron modestos. Los mercaderes, con sus ábacos, buscaban transcribir, para su memoria, las operaciones realizadas. Mera contabilidad. La reflexión sobre esta técnica surge de la mano y en oposición a la política. Economía de “oikos”, casa, vendría a ser, en la terminología de Jenofonte, el arte de la buena ordenación de la casa. Con esto los autores la han opuesto a la política, donde el acento se ponía en la ciudad. Ahora bien, frente a una acumulación de connotaciones donde se incorpora la dicotomía “público-privado” (idios-demosion), la relación entre economía y política no era necesariamente de oposición. Ni la casa tenía nada de privada –hablamos más de lo que luego se denominaría “el palacio” (de ahí el derivado “dominus” de “domus”), estructura basal del mismo estado-, ni la ciudad era espacio público en el sentido que adquiere con los autores del XIX desde B. Constant. La ciudad se vivía y se vivía en ella. La plaza, la calle, el foro acaparaban las mejores horas de vida de cualquier ciudadano.
¿Dónde va Marruecos? Quizá esta es la pregunta que más nos inquieta y que menos queremos afrontar.






