“No hay extensión más grande que mi herida,
Lloro mi desventura y mis conjuntos
Y siento más tu muerte que mi vida”.
La muerte hiere. Más que matar hiere. Quizá esta es la última conclusión de este poema de Miguel Hernández. La pena que es capaz de incorporar el alma deja sin sentido el resto de cosas sobre las que trascurre la vida.
Sobran las experiencias poéticas donde reconocemos esa sensación de pesadumbre. Quizá dos otros poemas pueden terminar por definir ese sentimiento desde el que quiero iniciar este capítulo. Uno es de Antonio Machado, “El entierro de un amigo”, el otro de León Felipe, “Qué lástima”. De entrada me bastan estas reflexiones poéticas pronunciadas desde la inmediatez de la tierra, aunque en todo caso, al final, no tendremos más remedio que profundizar en las oscuras cortezas cerebrales que nos llevan al mundo del misterio. Y quizá para esto no tengamos mejor guía –verdadero nuevo Virgilio- que Rilke en sus colosales “Elegías de Duino”. Pero, ¿Por qué la muerte?, ¿Por qué nos interesa la muerte en medio de un discurso donde hemos comenzado con la risa y el sexo?. …haz clic aquí para leer más
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Pese a los múltiples esfuerzos por diferenciar ambos acontecimientos, la realidad es que, de una forma u otra, no pueden por menos que reclamar de sus lectores un cierto tratamiento conjunto. Me refiero a las dos sentencias que, una en sede del Tribunal Constitucional español, la otra en la Corte de La Haya, se adentran en el complicado campo de la territorialidad y la soberanía, la idea de pluralidad en el estado moderno, el principio de autonomía y su complejo encaje sobre los conceptos de nación y nacionalidad, es decir, las bases sobre los que se quiso construir el derecho constitucional de la segunda mitad del siglo XX.
Venimos hablando de soberanía y de pronto, como una serpiente de verano, aparecen las noticias encadenadas de y sobre Wikileaks.
El mundo globalizado queda recorrido por una doble crisis, auténtico rizo de la ultra-modernidad: migraciones y territorio. Doble negación a su vez, ya que cada uno de esos conceptos adquiere tintes de negatividad al enfrentarse al otro, devenido su opuesto. Como en ese “¡renó!” con el que el baturro del cuento refuerza su negación sin percatarse de la positividad de la doble articulación negativa.
Este experto en Derecho Constitucional considera que para que no ocurra es necesaria la igualdad, idea que defendió en el “II Congreso de mujeres musulmanas en nuestro entorno”.







