¿Dónde va Marruecos? Quizá esta es la pregunta que más nos inquieta y que menos queremos afrontar.
En los 15 años que llevo visitando y trabajando con Marruecos lo primero que se constata es su crecimiento espectacular. Marruecos ha hecho un esfuerzo de modernización que no puedo por menos que comparar con España. Aún recuerdo mis primeras impresiones donde las mismas ciudades –salvado Rabat y espacios concretos de los “centre ville” turísticos y financieros- exponían sin tapujos sus deficiencias, la pobreza de las gentes, los miles de chavales que, desde las playas de Tánger miraban ansiosos las puertas de Europa. Demasiado parecido a lo que también recordaba –treinta años antes, desde mi niñez- de las villas y pueblos de España. Aquel Metro de Madrid repleto de sudores y apretujones. La calle de Fernando el Católico donde los tranvías se mezclaban con los vendedores de melones y sus tiendas de campaña. La basura todavía era recogida por una vieja señora que, con un carro tirado por un mulo, iba vaciando cubo a cubo, sin otra remuneración –salvo lo que sacara de aquella basura- que el aguinaldo que pedía con su cantinela de “Feliz Navidad”. Carteros y otros funcionarios públicos también redondeaban sus ingresos de esta manera y la Semana Santa, velos y trajes negros llenaban la ciudad. …haz clic aquí para leer más
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Recientemente ha estallado de nuevo la polémica sobre la llamada “Justicia Universal”. Debate lleno de contradicciones y que reclama una previa definición de lo que es el derecho. En definitiva, cual es su función y el “lugar” que ocupa en la vida social y el mundo político. Partamos de los hechos.
El concepto Progreso es una de las ideas más firmemente arraigada en la conciencia moderna y esto tanto como desarrollo de las ciencias y las artes como en su calidad de propuesta específica de los fundamentos de los derechos del hombre. Derecho Fundamental o directamente ley de la misma naturaleza humana, quizá, del propio Universo, llegarán a proclamar algunos. He ahí la pregunta, porque si el Progreso es la consecuencia necesaria de la propia dinámica de la vida, ¿Necesitaría proclamarse como un proyecto diseñado por esa misma sociedad? En definitiva, ¿Hay un derecho al progreso, como pudiera haber un derecho al desarrollo de la personalidad o es una consecuencias natural del propio devenir humano?.
Para el próximo mes de junio se convoca lo que, en las sociedades modernas, se suele denominar la “fiesta de la democracia”: la celebración de una jornada electoral. No me intereso aquí por los posibles resultados sino por el acontecimiento, es decir, por lo que entraña de fiesta y por el significado que esta fiesta tiene en el mundo globalizado en el que estamos inmersos.
Las onomásticas son un buen lugar para la fiesta. En el caso de los pueblos, quizá, deben ser también un momento para recordar las bases sobre los que se construyó el edificio social sobre el que vivimos.







