Leo las recientes encuestas -el CIS, entre ellas- y constatan lo que era inevitable. Después de la realidad de un proceso que se vive en los bolsillos de una inmensidad de personas, y se vive con el dolor de unas cuentas rotas; después de la machacona insistencia con la que nos repiten el término “crisis” por los políticos y los medios de comunicación; la idea abstracta de crisis se ha instalado definitivamente entre nosotros.
Podríamos dedicar más de una reflexión a como un concepto abstracto, una idea compleja –un “síndrome”- deviene una realidad con la materialidad de una cosa y la presencia identificable que proporciona un nombre. Pero antes quisiera adentrarme en consecuencias más inmediatas y que nos afectan directamente. …haz clic aquí para leer más
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Partimos de la conciencia de que vivimos en tiempos de retos. El cambio de siglo se ha convertido en uno de los vértices más complejos de la historia contemporánea. No sólo ha sido una inflexión en el proceso acelerado de crecimiento económico, sino también ha supuesto una nueva definición de los protagonistas e, incluso, de los mismos actores en el próximo escenario-mundo. Cambia el escenario, los sujetos y, como no, también las reglas de juego. El compromiso de una sociedad democrática es conseguir que esos cambios garanticen los principios básicos de una convivencia basada en las relaciones pacíficas y de cooperación entre los pueblos, y donde primen los valores de la persona y el interés general como fundamento incuestionable del estado de derecho.
El Orden Jurídico constitucional ha ido consagrando los derechos configuradores de la persona en un proceso construido sobre espacios concéntricos. De esta manera, la persona, y los valores que le son inherentes, se van expandiendo desde el volumen primigenio del mismo cuerpo. Así se ha ido construyendo, primero, el derecho a la vida y con ello, la plenitud de su integridad física y psíquica. En un segundo estadio pronto apareció el derecho a la casa –domus-, a la inviolabilidad del hogar, ese espacio donde el cuerpo alcanza el sosiego de la intimidad.
“Ira y frustración”. Leo estas palabras, pronunciadas, según el periódico “El País”, por el Secretario General de la OTAN. Junto a esto toda la cascada de argumentos sobre el daño causado a la política exterior española. Dimes y diretes sobre el anuncio de la retirada de tropas españolas de la misión KFOR. Ya un auténtico “caso Kosovo”.
Por primera vez en la Historia de la humanidad, el ingenio tecnológico ha conseguido la capacidad de autodestrucción completa del hombre y su entorno, quizá incluso de la vida en la tierra y, apurando un poco, de la misma densidad geológica y astronómica del planeta. La tecnología militar por un lado, pero también el desarrollo consumista insostenible, hacen de la dinámica de la vida una mecánica de muerte.







