Quienes somos y qué queremos.

Este blog ha surgido de una urgencia: incorporar la reflexión jurídica al marco de las relaciones internacionales. Es cierto que desde los orígenes remotos del siglo XX y los mismos Convenios de La Haya ya se ponen las bases de un auténtico Derecho Internacional con eficacia para los pueblos y sus gentes, pero también ese mismo siglo XX ha estado repleto de profundas simas de antijuridicidad donde el derecho abdicó a favor de otras propuestas que han terminado por acreditar su inhumanidad.

pensadorEl egoísmo político y las guerras, pero también una sobrevaloración de la economía con propuestas de “desregulación” y “achicamiento” del estado que nos han empujado al borde del precipicio. Conceptos como “daños colaterales”, “asesinatos selectivos”, “enemigos combatientes”, “injerencias humanitarias”, y en general esa coartada de la lucha contra el terrorismo o los nuevos demonios de nuestra época han abierto de nuevo las puertas a la brutalidad de la guerra y a la renuncia del derecho como único medio de arreglar las controversias. El espacio de la vida económica y mercantil ha sufrido un proceso paralelo de erosión y quiebra.

La propuesta de este blog va en la línea de recuperar ese discurso jurídico y hacer del derecho el marco ordinario de relación entre los pueblos y sus habitantes. Por ello, es cierto, resulta necesario el nacimiento de un nuevo derecho. Un derecho construido desde nuevos marcos de soberanía y reconocimiento que de voz a realidades que desbordan el viejo corsé del estado. Un estado que ha devenido extraño a las nuevas realidades. Es justamente por eso que saludamos con entusiasmo la aparición de esa subjetividad alter-estatal.

Pero también somos conscientes que hasta la fecha sólo el estado, fruto de las corrientes políticas alumbradas por el pensamiento Ilustrado y la racionalidad jurídica, ha sido capaz de construir las referencias del estado democrático. La democracia, tal y como la entendemos, solo anida en estructuras soberanas, asentadas territorialmente y habitadas por un número suficiente y en cierto grado homogéneo de habitantes.

Hará falta, por lo tanto, diseñar nuevos sistemas configuradores de la Voluntad General, capaces de dar respuesta –y con urgencia- a las necesidades que apunta la crisis del siglo XXI. Nada de esto va a ser fácil. De ahí la necesidad de concertar una reflexión cálida, nacida de la voluntad de concordia y dirigida a todos los espacios habitados por la ciudadanía.

Fernando Oliván